En un contexto marcado por el aumento de la morosidad entre las familias, el ministro de Economía, Luis Caputo, dejó en claro su postura al afirmar que «no hay que confundir la empatía con las políticas públicas». Según él, la resolución de la situación de los deudores debería ser abordada entre privados. Este enfoque plantea preguntas sobre la efectividad de la gestión gubernamental en una problemática que afecta a numerosos ciudadanos.
Caputo también destacó que los bancos han comenzado a ofrecer opciones de refinanciamiento para aliviar las deudas, lo que podría aportar cierto respiro a las familias en dificultades. Sin embargo, la solución parece depender más de las decisiones individuales de las instituciones financieras que de una estrategia integral promovida por el Estado.
Además, el ministro anticipó próximos cambios que buscarían ampliar el acceso al crédito en dólares y facilitar hipotecas, otra medida que, en teoría, podría contribuir a mejorar las condiciones de financiamiento. Pero surge la interrogante: ¿serán estas acciones suficientes para enfrentar la creciente crisis de morosidad que aqueja a un sector importante de la población?
En otro frente, Caputo viajará a Catamarca junto al jefe de Gabinete, Diego Santilli, para firmar un convenio por el Acueducto Albigasta, una obra que requerirá cerca de $100.000 millones y que beneficiará a más de 35.000 habitantes. La necesidad de obras de infraestructura es evidente, pero la sostenibilidad de estas iniciativas en un contexto de alta deuda familiar será un desafío a superar.
Las palabras de Caputo invitan a un análisis crítico sobre la capacidad del Gobierno para implementar políticas que realmente aborden los problemas sociales, en lugar de meras soluciones paliativas. La falta de respuestas contundentes plantea inquietudes sobre el rumbo económico del país.























