Redacción Ciudad Diagonal
Agosto es reconocido como el mes de la Pachamama, una ocasión especialmente significativa para los pueblos originarios que realizan ceremonias de agradecimiento a la madre tierra. Esta costumbre ancestral marca la llegada de un nuevo periodo de siembra y simboliza la relación de reciprocidad que los pueblos mantienen con la naturaleza.
Históricamente, la construcción del Estado argentino ha interferido en las formas tradicionales de conexión con la tierra de las comunidades indígenas. Esto se remonta a la Campaña del Desierto, una política que llevó a la ocupación y despojo de tierras, lo que ha generado un profundo impacto en la existencia de estas comunidades.
Recientemente, se han intensificado preocupaciones sobre el desmantelamiento de políticas públicas que garantizaban derechos a los pueblos originarios, bajo el Gobierno de Javier Milei. Se teme que iniciativas legislativas, como el proyecto de ley de inviolabilidad de la propiedad privada, favorezcan a poderes económicos en detrimento de las comunidades indígenas y de su territorio.
El impacto de estas políticas no se limita al ámbito nacional. A nivel internacional, organismos como la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos destacan que el acceso a la tierra es un factor crucial para la seguridad alimentaria y la reducción de la pobreza. Además, la falta de derechos sobre la tierra puede aumentar las tensiones sociales y la desigualdad.
Los pueblos originarios en Argentina han manifestado su oposición a las políticas que atentan contra su legado cultural y su entorno. En este contexto, los representantes reclaman la protección de sus territorios y recursos, defendiendo la noción de que ni la tierra ni el agua deberían ser comercializados. Este agosto, el llamado es claro: la Pachamama no se vende, se defiende.
Fuente: Periodismo UNLP – Noticias.




















