Redacción Ciudad Diagonal
De acuerdo a la información proporcionada por la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la UNLP, actualmente hay más de 1800 tormentas eléctricas activas en el mundo. Esto se traduce en aproximadamente 50 descargas eléctricas cada segundo, sumando casi 8 millones de rayos diarios. Aunque las tormentas suelen asociarse a lluvias intensas y truenos, son fenómenos atmosféricos complejos que requieren un entendimiento más profundo.
Las descargas eléctricas resultan de un proceso físico que ocurre dentro de nubes de gran desarrollo vertical, donde partículas de hielo e granizo se chocan y generan cargas eléctricas. Cuando el campo eléctrico alcanza un valor crítico, se produce la descarga que conocemos como rayo. Esta puede ser de diferentes tipos, dependiendo de su origen: entre nubes, dentro de la misma nube o hacia la superficie terrestre.
Además de su frecuencia, las tormentas pueden dar lugar a fenómenos extremos como los ‘megaflashes’. Estos rayos pueden recorrer cientos de kilómetros y mantenerse activos durante varios segundos. En 2020, se registró entre Argentina y Uruguay el megaflash más duradero del mundo, con una duración de 17 segundos, marcando a nuestro país en la historia de estos eventos.
La enorme energía de un rayo puede llegar a ser cinco veces más caliente que la superficie del Sol, alcanzando temperaturas de hasta 30 mil grados Celsius. Para prevenir accidentes, es crucial seguir ciertas medidas de seguridad: consultar pronósticos, elegir correctamente los refugios durante tormentas, adoptar la regla 30-30 entre el rayo y el trueno, y saber cómo protegerse si no hay refugios disponibles.
A pesar del peligro, los rayos también son indicadores que pueden ayudar en el pronóstico de tormentas severas. Investigaciones recientes han demostrado que un aumento en la actividad eléctrica puede anticipar condiciones meteorológicas severas con un margen de tiempo que varía entre 20 y 45 minutos.
Conocer el comportamiento de las tormentas y sus riesgos es esencial para la comunidad. Los reportes y observaciones de los ciudadanos resultan fundamentales para entender mejor estos fenómenos y mejorar la respuesta ante eventos extremos. Fuente: UNLP – Noticias Institucionales.




















