Redacción Ciudad Diagonal
Los inicios de la banda Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, en 1990, dejaron una huella imborrable en la cultura musical argentina. Este impacto se refleja en la vida de muchos jóvenes de la época, como Mariano Camún, un profesor y trabajador nodocente que compartió sus recuerdos sobre cómo su conexión con la música de Los Redondos marcó su adolescencia.
Crecido en Junín, Mariano recuerda con nostalgia su primera experiencia al escuchar grabaciones de ‘Un Baión para el ojo idiota’, gracias a sus hermanos mayores. A través de las letras de la banda, encontró un sentido de identidad que trascendió lo musical, especialmente en un contexto social complejo como el de la década de los 90 en Argentina.
El vínculo de Camún con la música se fortaleció con cada disco de la banda, desde ‘Gulp’ hasta ‘Último bondi a Finisterre’. Cada tema resonaba con su vida cotidiana y sus emociones, convirtiéndose en un reflejo de la situación política y social del país, así como de sus propias vivencias.
A los 14 años, tuvo la oportunidad de asistir a su primer show en el Estadio Huracán, un evento que marcó su vida y la de muchos otros jóvenes de la época. Esta experiencia no solo represente un encuentro musical, sino también un rito de paso hacia una identidad forjada bajo el manto del rock argentino.
La influencia de Los Redondos perdura hasta el día de hoy, no solo en la comunidad de seguidores, sino también en la vida personal de quienes crecieron con sus letras. Camún enfatiza que la música de la banda sigue siendo un pilar en su vida, un testimonio del poder que tienen las canciones para acompañar momentos significativos.
La música de Los Redondos continúa resonando en la actualidad, recordándonos que sus letras y su mensaje pueden ser un refugio y una guía. Fuente: Periodismo UNLP – Noticias.




















