En el día en que cumpliría 36 años, Alan Boschero, amigo de la adolescencia de Emiliano Sala, rememoró momentos significativos que vivieron juntos en Córdoba. Entre risas y emociones, Boschero compartió historias de las noches con amigos y la conexión que mantuvieron a lo largo de los años, a pesar de las distancias que impuso la carrera profesional de Sala.
Ambos se conocieron a los 15 años, cuando llegaron a San Francisco, Córdoba, con el sueño de convertirse en futbolistas. Compartieron habitación y vivieron juntos momentos clave de su formación, siempre apoyándose en un grupo de amigos. Cada vez que Emiliano regresaba de Europa, se organizaban encuentros donde disfrutaban de asados y partidas de cartas, momentos que para él significaban regresar a la simplicidad de la vida antes de la fama.
Sala, de personalidad tímida y reservada, se transformaba en la cancha. Aunque por fuera era un chico común, dentro de la pista mostraba su verdadero talento. Boschero recordó la incertidumbre que enfrentó Emiliano en sus intentos por ser futbolista profesional, y cómo, tras un momento de frustración, decidió seguir luchando por su sueño.
A pesar de la distancia y del éxito en el fútbol europeo, Sala nunca dejó de ser un pilar para sus amigos, manteniendo siempre un contacto cercano y mostrando su apoyo incondicional. Un recuerdo que sacó sonrisas fue una anécdota divertida en la que Emiliano recuperó su celular tras ser víctima de un robo.
Hoy, la memoria de Emiliano Sala perdura entre sus amigos, quienes celebran su legado y los momentos compartidos. Su amistad y su trayectoria son un testimonio del impacto que dejó en quienes lo conocieron, tanto dentro como fuera del campo.



















