Redacción Ciudad Diagonal
La lectura es una actividad valorada en múltiples aspectos, desde adquirir conocimientos hasta estimular la imaginación. Sin embargo, en un contexto donde cada actividad necesita rendir frutos, incluso leer una novela parece requerir justificación. Esta paradoja se explora en el ensayo «Sobre el realismo», del autor César Aira, donde se plantea que la lectura de novelas puede resultar en una experiencia ambigua: el lector podría salir enriquecido o desorientado.
Aira cita a Proust al afirmar que los días dedicados a la lectura, aunque puedan parecer perdidos, son aquellos en los que se vive con mayor intensidad. La idea central es que la lectura no añade una segunda vida, sino que intensifica la experiencia de la vida que se vive. El acto de leer modifica nuestra percepción del tiempo y de los momentos vividos, asumiendo que cada lectura puede alterar nuestra realidad.
Sin embargo, Aira también advierte sobre el peligro de confundir la intensificación de la vida con una ilusión de continuidad. Toma como ejemplo a Alonso Quijano, conocido como Don Quijote, quien al leer novelas de caballería, terminó confundiendo ficción y realidad y sintiendo que debía actuar conforme a lo leído. Esta búsqueda de aplicar la ficción a la realidad puede llevar a problemas de percepción y comprensión del mundo.
En contraposición, Aira sugiere que un buen lector debe aceptar que la lectura no necesariamente debe tener una aplicación práctica en la vida. La verdadera riqueza de leer radica en la capacidad de perder el tiempo y de extraer valor de la experiencia de la lectura sin ninguna obligación de obediencia o aplicación lineal.
La conexión entre lectura y realidad se convierte así en un tema relevante en el contexto actual, especialmente cuando se observa cómo algunas personas confunden ideas leídas con realidades incuestionables. En esta línea, se menciona a figuras contemporáneas que utilizan la lectura no para comprender, sino para transmitir ideas sin cuestionar su validez. Esto resalta la importancia de reflexionar críticamente sobre lo leído.
La lectura, en su esencia, invita a una relación más libre entre el texto y el lector, donde la obediencia no debe ser la norma. Esta perspectiva abre un espacio para entender la lectura como una experiencia que trasciende la mera utilidad.
Fuente: Periodismo UNLP – Noticias.






















